El futuro del Reino Unido fuera de la Unión europea

Horas después de conocerse el resultado del referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea del Reino Unido, el primer ministro británico aseguraba que, de momento, nada iba a pasar. Segundos después dimitía.

¿Nada va a pasar?

EL tratado de la Unión Europea establece en su artículo 50 que, una vez presentada la solicitud de salida en el Consejo de la Unión Europea, se ponen en marcha los mecanismos para la separación, que tiene un plazo de dos años, durante el cual se cerrarán los nuevos acuerdos entre las partes, mientras que el estado saliente sigue siendo miembro de la EU.

Ese paso es el auténtico Rubicón para Reino Unido. En ese momento empieza la cuenta atrás para la salida y, de momento, el actual Primer Ministro británico ya ha confirmado que no ejecutará el artículo 50, y le reserva el honor al próximo ocupante del 10th Downing Street. Así que de momento hasta octubre no sucederá nada. Y a partir de octubre nada impide al próximo primer ministro seguir retrasando eso tema el tiempo que su partido, o coalición y la presión social o de la oposición se lo permitan. Debemos de recordar que el referéndum que se ha llevado a cabo no es vinculante. Y la decisión final de salir de la EU debe de tomarla el parlamento británico.

Ahí ya hay un problema. Como el Reino Unido va a seguir exactamente igual de integrado en los próximos meses en la EU como hasta ahora, la sensación que se va a dar es que salir de la EU al final no tiene ningún impacto. Y de eso se van a nutrir los partidos euroescépticos del resto de países para continuar con su discurso separatista.

Se ejecuta el artículo 50 del Tratado de la Unión.

Una ver se apruebe en el parlamento británico, y el primer ministro ejecute el artículo 50 ante el Consejo de Europa la decisión es ya irreversible. Desde ese momento Reino Unido deja de estar en las reuniones del Consejo y deja de tener voto. Se comienzan a redactar acuerdos de comercio (por cada mercancía: pesca, IT, servicios financieros, fish’n chips, etc…) de regulación bancaria, libre tránsito de mercancías, personas, trato de trabajadores, estudiantes y un largo etcétera.

En ese sentido lo que Reino Único quiere es entrar a formar parte del Espacio Económico Europeo (EEE), formado por todos los países miembros y con acceso también de Islandia y Noruega. Ese es el mayor interés de UK desde que entró en la Unión. Y ahí es donde la Unión Europea pone sus propias condiciones para el acceso, que básicamente son libre acceso de bienes y personas europeas en el país y obligación de cumplir con todas las normativas y la regulación europea.

Si se llega a este caso la nueva relación con Reino Unido será muy parecida a la actual, solo que Reino Unido estará obligado por las normas de la EU y no tendrá ni voz ni voto en las decisiones que las conforman.

¿Entonces todo seguirá igual?

Puede ser. Obviamente con un coste en burocracia mayor. Paradójicamente Reino Unido tendrá que tener mucha más diplomacia y gastos administrativos derivados de su nueva relación con la UE que cuando era socio.

Pero además de este sobrecoste para obtener un resultado similar, está la división interna que ha generado el referéndum en la sociedad británica. El referéndum ha generado una polarización de opiniones sin igual, entre los ciudadanos y entre las propias regiones que conforman el país, en concreto entre Inglaterra y Escocia e Irlanda del norte y entre Londres y la periferia de Inglaterra.

La primera ministra escocesa ya ha amenazado con volver a proponer un referéndum para la separación de Escocia del Reino Unido y unirse a la Unión Europea. En Irlanda del Norte se han generado emociones similares. Pero el caso de Irlanda del norte es más difícil. La convivencia entre Unionistas y republicanos irlandeses, sigue siendo tensa a pasar de la paz con el IRA, y volver a poner una frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda avivará un conflicto casi solucionado, y no dejará de ser un retroceso humano gigante en la resolución de conflictos y el acercamiento de los pueblos.

Si la situación en Irlanda del Norte no es fácil, la propia Irlanda (Dublín) acaba de ver cómo surge una frontera entre su país y la Unión Europea, ya que Reino Unido era el acceso natural de Irlanda al mercado europeo.

Otro punto aun por tratar es la nueva relación de Reino Unido con sus colonias (Gibraltar, etc…) que hasta ahora se beneficiaban del mismo trato que la isla en sus relaciones con la unión.

Y todo ello sin resolverse aún ninguno de los problemas que actualmente tiene Reino Unido: continuado aumento del presupuesto estatal, deuda disparara y un continuo déficit de cuenta corriente entre otros.

El futuro de la City.

Nada más conocerse el resultado del referéndum, se comenzaba a especular sobre el futuro de la City. Desde diferentes medios se especulaba con el traspaso de influencia hacia la bolsa de Frankfort y la posible llegada de miles de trabajadores provenientes del Reino Unido a la ciudad alemana.

El acuerdo anunciado en marzo por el cual la Bolsa británica London Stock Exchange (LSE) y la alemana Deutsche Börse se fusionaban para crear el mayor operador europeo aún no está cerrado. Está por ver cómo afecta el brexit en las negociaciones, pero lo que está claro es que uno de los requisitos para la fusión va a ser que la nueva sociedad cumpla con toda la normativa europea de regulación bancaria y de mercados financieros. Esta operación dará al Deutsche Börse el 54,4% de las acciones del nuevo grupo, por lo que Alemania intentará convertir a Frankfort en la mayor bolsa de Europa en detrimento de la City.

Al margen de que esta fusión se cierre o no, o de que Reino Unido acceda al mercado común o no, a partir de ahora, el Reino Unido tendrá que seguir cumpliendo con las normativas del BCE si quiere operar en Euros y si quiere que los bancos británicos operen en el continente.

Conclusión: Sin influencia y siempre en riesgo de aislamiento.

Por el momento, y sin que Reino Unido haya abandonado todavía la EU, la situación ha generado miles de millones en pérdidas, ha hecho crecer la incertidumbre y ninguno de los problemas que tiene actualmente Reino Unidos se van a solucionar con el Brexit, mientras que la división interna y los problemas regionales internos no han hecho más que empezar.

Si Reino Unido negocia entrar en el Espacio Económico Europeo, tendrá que cumplir con todos los requisitos que la Unión impone en este tipo de tratados: libre tránsito de personas y cumplimiento de toda la normativa comunitaria. Esto hace que paradójicamente el Reino Unido va a tener que gastar más recursos en sus relaciones con la Unión que cuando era miembro, cumplir con todas las normativas comunitarias y además salir de la mesa de decisión comercial más grande del mundo, donde dejará de tener influencia para siempre.

Si finalmente este tratado (entrada al EEE) no se negocia, habrá que hacer tratados específicos para cada área: Comercio (tarifas, cuotas, productos…), trato de trabajadores, etc, con un coste y una burocracia inmensos. Además Reino Unido tendría que entrar en la Organización Mundial del Comercio como actor individual, tratando con la Unión Europea como lo hace cualquier otro país del mundo.

Esto aislará a Reino Unido, situación que unida a su gran división interna propiciaría el crecimiento de los partidos de extrema izquierda y derecha, y el sentimiento de odio a los inmigrantes aumentará. De alguna manera los partidos populistas se las apañarán para continuar echando la culpa de los problemas del país a Europa aumentando la división que se ha creado el pasado 24 de junio.

Lo único cierto es que el Reino Unido ha tomado una decisión basada más en el enfervorecido sentimiento nacionalista ingles que en un análisis analítico racional. Su salida de la Unión Europea posiblemente será para siempre (no es probable que en el futuro Reino Unido vuelva a ser aceptado y posiblemente obtenga un veto de alguna de las grandes potencias en el caso de que quiera volver a entrar de nuevo), y con esta decisión se ha sacado a toda su población del mayor foro de integración política y social de la historia de la humanidad.

Ricardo Diez

Fotografía de portada: Brexit, por Christopher Michel