Fezán, el desierto que alimenta la guerra en Libia

Libia fue el primer país en el norte de África y oriente medio en el que las protestas que conformaron la primavera árabe generaron un conflicto civil mayor. La intervención militar occidental, autorizada por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llevó al derrocamiento y posterior muerte de Muamar el Gadafi, que fue presidente del país durante 42 años.

Desde entonces, el país que tiene las mayores reservas de petróleo de África (y las novenas del mundo), solo ha tenido 2 años de cierta estabilidad, antes de que las divisiones políticas hayan generado una división de facto del país en dos regiones con un gobierno establecido en cada una de ellas, al que hay que sumar un nuevo gobierno de unidad (el tercero), establecido por Naciones Unidas en su intento de poner fin a la guerra civil de baja intensidad que sufre el país desde 2014 (ver esquema de gobiernos y cronología).

A la situación de fragmentación política interna (con los consiguientes apoyos internacionales a cada bloque), se une la presencia del Estado Islámico, que hasta finales de 2016 controlaba más de 200 kilómetros de costa entre Misrata y Sirte, siento el único lugar fuera de oriente medio en donde el Estado Islámico ha conseguido conquistar un territorio, y que ahora se teme que se esté reagrupando de nuevo en la misma región.

Esta situación de inestabilidad y conflicto a lo largo de todo el litoral libio, donde se concentra la mayoría de la población, ha dejado sin cobertura mediática la situación en Fezán, la región desierta suroeste que, debido a su escasa población y a la porosidad de su frontera con Argelia, Níger y Chad, se ha convertido en un territorio dominado por mafias que dominan el tráfico de personas, armas y drogas en el norte de África.

En 2016, la mayoría de las casi 160.000 personas que atravesaron el mediterráneo desde Libia usaron la ruta a través de la región de Fezán. Se cree que la cifra aumentará en un 20% en 2017.

La región de Fezán ha sido históricamente una zona de tránsito entre el África subsahariana y el mediterráneo. La zona es mayoritariamente un desierto, y la escasa población (sobre 500.000 personas, el 10% de la población de país) se reparte en pocos y pequeños núcleos urbanos. La falta de tejido industrial, las diferencias entre los diferentes grupos étnicos que habitan la región y la caída del régimen de Gadafi han dejado la región abierta a la competencia de los distintos grupos armados que controlan ahora la región, y sus fronteras con los países del sur.

Estos grupos están generando ingentes sumas de dinero con el tráfico de personas (entre 1000 y 1500 millones de dólares), contrabando de gasolina a los países del sur (debido al bajo precio de la gasolina en Libia los contrabandistas pueden estar ganando cerca de 1.000 millones de dólares al año), extracción artesanal de oro en la región fronteriza con Chad, y tráfico de drogas y armas.

Los grupos armados que controlan esta región están afianzando su poder gracias a los ingresos generados por sus actividades, y están atrayendo cada vez a más personas a sus actividades, lo que debilita la agricultura o el resto de actividades lícitas que puedan aun existir poniendo más difícil para el Gobierno de Acuerdo Nacional actual controlar todo el territorio, y a la Unión Europea poder controlar el tráfico de personas que atraviesan el mediterráneo diariamente.

Con esta situación es muy difícil para el actual Gobierno de Acuerdo Nacional, o para cualquier otro poder estabilizar el país. El gobierno, con la ayuda de occidente, puede golpear al Estado Islámico e intentar unificar los intereses de los dos grupos que ostentan el poder a lo largo de la costa, pero el sur está sirviendo de corredor de yihadistas, dinero y armas para que el Estado Islámico reaparezca periódicamente y que los grupos armados rivales continúen financiándose y armándose para continuar con su lucha de poder. Sin el control de las fronteras y de la región sur, el conflicto en Libia continuará, así como la amenaza que supone para toda la región del mediterráneo.

Ricardo D.

Fotografía de portada: Gaddafi Billboard, por David Stanley