¿Está la monarquía saudí en peligro de desaparecer?

Arabia SaudíArabia Saudí se ha visto siempre a sí misma, desde su creación como país en 1932, como el líder del mundo musulmán Sunní en base a su capacidad económica petrolera, y de ser el epicentro histórico del Islam, al mantener y gestionar las ciudades sagradas, y mayores centros de peregrinación, de la Meca y Medina (el Rey se concedió a sí mismo el título de “Guardián de los Santos Lugares”).

Además de esto, la lucha por el control geoestratégico (controlar el estrecho de Ormuz, por el que pasa el 33% del crudo mundial transportado por mar –un 17% del comercio mundial de petróleo-) ha favorecido a la familia Saud gracias al apoyo de los Estados Unidos, la dependencia mundial del petróleo saudí y al aislamiento internacional de su mayor rival en la región, el Irán Chií de los ayatolás.

Pero en los últimos años, el aumento de la influencia iraní en la región, la bajada de los precios del petróleo, el descontrol de grupos fundamentalistas inicialmente apoyados por los saudíes, así como el conflicto interno con las minorías chiíes del país hacen que Arabia Saudí se encuentre en el mayor punto de inestabilidad política y social desde su constitución como país.

La creación de un país que no existía

Previo a la existencia del país actual, la región de Arabia estuvo bajo control del imperio otomano desde el siglo XVI hasta los inicios del siglo XX. Durante este tiempo, Las ciudades sagradas, con autorización de Estambul, estaban bajo el control político y religioso del Jerife, descendía de la familia de Mahoma, y que desde 1201 era ocupado por un miembro de la dinastía hachemita (que actualmente gobierna en Jordania). Pero este control otomano en Arabia se difuminaba en las regiones interiores, donde los saudíes controlaban lo que hoy es la provincia de Diriyah.

Sucesivas conquistas de la familia Saud en ArabiaEn 1744 el emir de Diriyah, Ibn Saud, firmó una alianza político-religiosa con el Imán local, Muhammad ibn Abd-al-Wahhab, que planteaba una vuelta a un Islam «purificado», como lo comprendieron las tres primeras generaciones de musulmanes, y rechazaba por desviada la visión del islam de la época.

De esta manera comenzaron las guerras wahabíes-otomanas, que Estambul supo controlar hasta la desintegración del imperio otomano, punto en el que se desencadenarían guerras tribales internas que terminarían con los Saud controlando la península (excepto los protectorados británicos que hoy son Yemen, Omán y Emiratos) y expulsando a los hachemíes.

Así se convirtió Arabia en una nación independiente (Posteriormente, se cambiaría el nombre del país por Arabia Saudí), ante la indiferencia de Francia y Reino Unido, las potencias coloniales de la región, que no dieron su apoyo a ningún grupo concreto en la península entre otras cosas porque no se había descubierto aún petróleo allí y no se esperaba que pudiera haber (a diferencia de Iraq e Irán, donde el Reino Unido controlaba la política y la economía).

Desde ese momento, el país se ha mantenido unido gracias a la alianza entre el poder político y el religioso, convirtiéndose en uno de los países donde el Corán se aplica de una manera más estricta (en su visión conservadora wahabí), y manteniendo el control del resto de grupos tribales gracias al reparto estratégico de los beneficios obtenidos por el petróleo.  El otro pilar en el que se basa la estabilidad del reino es su pacto con Estados Unidos, por el cual, Arabia Saudí garantiza el suministro de petróleo a cambio de soporte y protección militar para mantener a la dinastía en el poder, y protegerla de amenazas tanto internas como externas.

El apoyo a los grupos fundamentalistas

Desde el prisma ultra conservador del wahabismo, desde Arabia saudí se comenzó a apoyar grupos fundamentalistas y a financiar madrazas en Pakistán y Afganistán durante la invasión de los soviéticos de Afganistán (1981-1989). De este apoyo surgieron los muyahidines, luchadores provenientes de todo el mundo árabe que, financiados por Arabia Saudí (y también por Estados Unidos en su lucha contra los soviéticos), fueron la base de lo que acabó convirtiéndose en Al Qaeda.

Cuando Iraq invadió Kuwait en 1990, Bin Laden se ofreció, con su cuerpo de muyahidines, para luchar contra Sadam Husein en lo que él veía como un conflicto exclusivamente árabe. El rey Fahd rechazó el ofrecimiento y en cambio acepto dar apoyo a Estados Unidos en la lucha contra Sadam, y permitir que tropas americanas se establecieran en el reino. A ojos de Bin Laden esto fue una invasión de tierras sagradas por no musulmanes lo que le llevo a comenzar su cruzada contra los Estados Unidos y la monarquía saudí.

Según la comisión Europea, Arabia Saudí es el país que más ayuda financiera ha ofrecido a grupos yihadistas en todo el mundo.

Pero esta no ha sido la única vez que los apoyos a grupos fundamentalistas / yihadistas se pone en contra de Arabia Saudí. Recientemente, el propio Estado Islámico, que posiblemente se haya financiado directa o indirectamente desde Arabia Saudí, ha declarado que es el sucesor legítimo del wahabismo en la península arábiga y ha declarado la guerra al reino. Desde 2014 el Estado Islámico ha lanzado más de 15 ataques en suelo saudí, mayoritariamente sobre la población chiita y miembros del gobierno (ocupando el lugar dejado por al Qaeda en la península arábiga que ahora opera mayoritariamente en Yemen), con la intención de desestabilizar el gobierno en su intento por expulsar a la familia real del poder en la península.

Del mismo modo que en el siglo XIX la alianza Saudí-wahabí quiso restablecer el orden islámico originario en la península, hoy el Estado Islámico pretende volver a establecer este orden en Arabia y expulsar al gobierno actual.

Lucha por la prominencia geoestratégica

El otro punto de conflicto en la región para Arabia Saudí es contener el avance del control chií. La pérdida de Irak, que ha pasado de un gobierno suní a uno chií, ha supuesto un duro golpe que ha hecho que Arabia Saudí se posicione activamente contra cualquier tipo de control chií en los países de su entorno, en especial en Siria, Bahréin y Yemen, que tienen la siguiente situación con respecto a Arabia:

  • Siria: La familia al-Ásad es chií alauí, y el gobierno sirio es el mayor aliado de Irán en la región. Arabia Saudí ha apoyado con armamento y  dinero a todos los grupos que conformar la oposición al dictador, moderados o radicales; sin un claro control de estos envíos que en la mayoría de los casos, antes o después, acaban pasando a manos del Estado Islámico.  El apoyo a los grupos anti al-Ásad, ha encontrado su oposición en el apoyo que recibe el gobierno de Siria por parte de Irán y recientemente de Rusia, haciendo que la guerra civil se prolongue por más de cuatro años, destruyendo completamente el país y generando más de 250.000 muertos y más de 11 millones de refugiados o desplazados.
  • Bahréin: La comunidad islámica chií, mayoritaria en Bahréin, recibe un trato inferior en empleo, vivienda e infraestructura en comparación a la minoría del grupo dirigente suní. El gobierno incluso importa suníes del sur de Asia y Siria, para contrarrestar el aumento en la proporción de la población chií. Las protestas en el país a raíz de la primavera árabe fueron aplacadas por las fuerzas de seguridad con el apoyo policial de Emiratos y Arabia Saudí, que enviaron a cerca de 2.000 efectivos para apoyar al gobierno suní.
  • Yemen: El país se desestabilizó a raíz de las protestas durante la primavera árabe en 2011, que llevaron al presidente Saleh a huir al exilio. Desde entonces los distintos grupos étnicos han luchado para conseguir el poder hasta que los chiís Houthis del norte consiguieron controlar la capital y el gobierno, lo que desencadeno la intervención en el conflicto de las potencias sunníes regionales lideradas por Arabia Saudí.

La guerra civil en Yemen ¿El Vietnam de Arabia Saudí?

Yemen es un país muy volátil y una amenaza directa para Arabia Saudí. Estos dos países tienen aproximadamente la misma población, a pesar de que el tamaño de Yemen es mucho menor. Además Yemen es uno de los países con más armas por habitantes debido a su estructura tribal y de conflicto interno.

A la guerra civil en la que vive el país desde 2014, hay que sumar los efectos de la intervención militar lideradas por Arabia Saudí (y apoyada por Estados Unidos y Reino Unido) que han generado más de 23.000 muertos y heridos y más de 2.5 millones de desplazados en un país con un 80% de población necesitada. Los ataques de Arabia Saudí no solo han sido dirigidos hacia los rebeldes Houthis, sino que también han destruido infraestructuras civiles como plantas eléctricas, carreteras y colegios y hospitales.

A pesar de esta destrucción Arabia Saudí no ha conseguido aún su objetivo de sacar del poder a los Houthis, y sí que ha ayudado a crear un rechazo frontal y un sentimiento anti saudí, no solo entre la población chií, sino también entre los sunníes. Esta situación puede ponerse completamente en contra de Arabia Saudí si Irán llegara a enviar milicias a Yemen del mismo modo que hace en Siria.

El declive de Arabia Saudí

Con todo esto, la situación hegemónica de Arabia Saudí en la región puede estar en entredicho y estar perdiendo poder en las siguientes áreas:

  • Pérdida de poder económico: con el consiguiente malestar interno, de las élites y grupos de poder así como del resto de la población (el país está volviendo a generar deuda y déficit por primera vez en más de una década, lo que ha llevado a reducir subsidios y ayudas económicas).
  • Pérdida de poder geopolítico: A pesar del apoyo económico y militar, Arabia Saudí no ha conseguido frenar a los grupos chiíes que tienen el control de territorios en sus fronteras: Yemen y Siria. Además, el levantamiento de las sanciones a Irán da alas al eterno rival que no sufre por el bajo precio del petróleo como lo hace Arabia Saudí.
  • Pérdida de poder religioso: aunque aún no es una amenaza directa, La declaración de guerra del Estado Islámico a la monarquía saudí supondrá un aumento de acciones contra el gobierno y la población chií en el país que aumentará el malestar social. Si como pasa en Yemen incluso la población sunita se pone en contra de las políticas de la monarquía entonces es cuando el riesgo social puede poner en riesgo la estabilidad del país.

Reyes de Arabia Saudí

Todo ello unido al nuevo reinado de Salmán bin Abdulaziz, que asumió en trono en 2015 en base a un modelo de sucesión que no garantiza largos reinados y la estabilidad a largo plazo (el trono se hereda entre hermanos y no de padres a hijos). Esto hace pensar en un lento declive suní en la región que aumentará la influencia de Irán en la región.

RDR

Fotografía de portada: Saudi Arabia Grunge Flag, por Nicolas Raymond