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El Estado Islámico y la redistribución de la geopolítica en Oriente Medio

El pasado 24 de noviembre se cumplía el ultimátum dado por los 5 miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas más Alemania para cerrar un trato con Irán sobre su programa nuclear. Llegada esa fecha se volvía a producir el enésimo desacuerdo y la imposición de una fecha límite en 7 meses.

Iran (Español)Aunque es cierto que Irán ya permite a los observadores de la AIEA (Agencia Internacional de la Energía Atómica) entrar en sus instalaciones, y que ha detenido alguna de sus facilidades para la fabricación de uranio, aun no se ha conseguido establecer qué cantidad de este material puede producir Irán y como se supervisará su uso exclusivamente civil.

Este desacuerdo entre las potencias occidentales e Irán no ha tenido esta vez la repercusión ni el aumento del nivel de tensión con amenazas cruzadas, y ni siquiera Israel o el congreso y el senado americanos, partidarios de una acción militar contra Irán, han levantado su voz. En cambio, a pesar de no haber llegado a un acuerdo en lo esencial, las potencias occidentales han levantado algunas de las sanciones que pesaban sobre la economía iraní, con la esperanza de cerrar un acuerdo definitivo a mediados de 2015.

Un nuevo actor en Oriente Medio

Este acercamiento de occidente a Irán, especialmente por parte de los Estados Unidos, tiene su origen en la amenaza que supone el Estado Islámico en la región y a nivel global. El fenómeno del Estado Islámico no tiene precedentes, ni siquiera por parte de Al Qaeda que, por mucho poder que haya conseguido, nunca ha controlado territorios extensos, sino que se ha limitado a ser un grupo terrorista insurgente.

El Estado Islámico ha conseguido una estructura de estado que cuenta con cuerpos militares y de seguridad, servicios de infraestructuras e incluso el proyecto de una moneda propia. Como entidad terrorista, que tiene estructura de estado, es una amenaza para toda la comunidad internacional.

El poder obtenido, el espacio geográfico controlado y la amenaza que supone el Estado Islámico, han hecho que se redefinan todas las relaciones geopolíticas de la región y de las grandes potencias. Tanto que incluso el presidente Obama ha mantenido contactos con el Líder Supremo Iraní en las últimas semanas, algo impensable solo un año atrás.

Para Irán, El Estado Islámico supone una amenaza crítica para su supervivencia. Durante los años 80 Irán vivió una guerra devastadora contra Irak, entonces gobernado por un partido Sunní, y lo último que quiere ahora es ver a su vecino controlado completamente por un Estado Islámico radical y abiertamente anti iraní. Su otro apoyo en la región, el régimen Sirio de Bashar al-Asad, también está bajo el ataque directo del Estado Islámico, amenazando la salida iraní al mediterráneo.

Los Estados Unidos por su parte conocen la amenaza que supone el Estado Islámico para toda la región, pero no están dispuestos a llevar a cabo otra intervención a gran escala en la región, en vista de los resultados que tuvieron las anteriores. Es por eso que, además de los ataques aéreos que está llevando a cabo, necesita apoyos regionales para luchar contra el Estado Islámico sobre el terrero y dar apoyo a las fuerzas armadas iraquíes; y para eso necesita a Irán, y sobre todo a Turquía.

Turquía entre dos fuegos

Turquía es hoy un poder emergente militar y económico en la región. Hasta la fecha se ha mantenido militarmente al margen del conflicto en Siria, aunque ha dado refugio a más de un millón de sirios, y hasta la fecha también ha evitado llevar a cabo operaciones militares contra el Estado Islámico. Esto último es debido a que el recuerdo de la desintegración del Imperio Otomano aún es reciente y Turquía no quiere volver intervenir militarmente ni controlar ningún tipo de territorio árabe, más allá de sus propias regiones de mayoría kurda.

Es precisamente la situación de la región kurda de Turquía la más delicada para el gobierno de Ancara. Los grupos armados kurdos son el mayor bastión de resistencia contra el Estado Islámico, y su cabeza política, el PKK (El partido de los trabajadores del Kurdistán) está catalogado como grupo terrorista por EEUU y Turquía, con quien ha mantenido un conflicto interno que ha generado más de 40.000 víctimas y que se encuentra, desde 2013, en un proceso de paz que la aparición del Estado Islámico puede amenazar.

Turquía debería de apoyar a los kurdos en su lucha contra el Estado Islámico, pero no sabe cómo puede afectar este nuevo papel internacional de los kurdos en sus futuras reivindicaciones de autogobierno e independencia.

Arabia Saudí pierde poder en la región

Por su parte Arabia Saudí está viendo como su relación estratégica y comercial con los Estados Unidos va perdiendo fuerza. Por un lado debido al aumento de la producción petrolífera en Estados Unidos, que ha ido en detrimento de las importaciones de ese país por parte de Arabia Saudí, y por otro porque cualquier tipo de relación entre Estados Unidos e Irán es visto en Arabia Saudí como una pérdida de poder en la región.

La relación entre Arabia Saudí e Irán siempre ha sido de conflicto. Históricamente, entre los pueblos árabes y persas; religiosamente, al ser los núcleos de las dos sectas mayoritarias y opuestas en el islam y, en el presente, geoestratégicas: al luchar ambas potencias por el control del estrecho de Ormuz y la hegemonía de la explotación petrolífera.

Además de esto Arabia Saudí también teme el apoyo Iraní a las minorías Chiís en su propio país, y que esto provoque un levantamiento popular hacia un régimen envejecido (la bajada generalizada de los precios del petróleo tampoco ayuda al país árabe). Otro foco de inestabilidad para Arabia Saudí es el conflicto interno en Yemen, potenciado por la rebelión Zaidí (de origen Chií) liderada por los Houtis en el norte de Yemen, que cuenta con el apoyo de Irán y que acaba de imponer su posición para formar gobierno al tomar sus milicias la capital, Sanaá.

Yemen tiene la misma población que Arabia Saudí, unos 26-27 millones de habitantes, pero con una densidad de población mucho mayor, y una de las mayores concentraciones de armas del mundo. Una rebelión exitosa Chií en este país afectará a la estabilidad de Arabia Saudí.

Al-Asad, ¿el enemigo de mi enemigo es mi amigo?

Con respecto a la guerra civil en Siria, Estados Unidos y Turquía quieren que el régimen de Bashar al-Asad caiga pero, más que al propio al-Asad, temen una instauración en Siria de un régimen sunní radical bajo la forma del Estado Islámico, por lo que ¿Se llevarán a cabo conversaciones entre las potencias occidentales y Siria en la lucha contra el Estado Islámico? De hacerse ¿se harán a través de Irán?

Como hemos visto la irrupción del Estado Islámico ha cambiado todas las relaciones de poder en la región y ha conseguido que aparezcan nuevos actores en la región generando nuevas incertidumbres, en especial los Kurdos y los Zaidies pueden llegar a tener más cuota de poder, y habrá que ver si esto es a costa de debilitar a Turquía y Arabia Saudí.

RD

Fotografía :On both sides of the border between Syria and Iraq there are now 35.000 Squaremiles ‘Islamic State’. por Karl-Ludwig Poggemann (Se han realizado modificaciones)

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