Desde 1994, en la famosa Cumbre de Rio, las políticas globales contra el cambio climático y sus efectos son llevadas a cabo dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Este acuerdo creó un modelo de reuniones anuales llamado Conferencia de las partes (COP por sus siglas en inglés) en donde se realiza el seguimiento de la situación y se generan nuevas propuestas de acción.

Estas cumbres internacionales son en la actualizad la mayor reunión de representantes de estados del mundo y en ellas se debate no solo recortes en emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sino nuevos procedimientos de comercio internacional, el estado del derecho de patentes y propiedad intelectual, el traspaso de tecnología y el desarrollo de nuevas herramientas de financiación entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollos. En resumen, en estas cumbres no solo se negocian las medidas para salvar el planeta, sino el futuro orden mundial.

Debido a esto es difícil alcanzar un consenso, y mucho menos lograr medidas vinculantes. El protocolo de Kioto (también dentro del CMNUCC) fue un logro mundial al conseguir en 2005 un acuerdo vinculante de reducción de emisión de gases de efecto invernadero (aunque Estados Unidos, en aquella época el mayor emisor, nunca lo firmó). La última gran cumbre fue el Acuerdo de París firmado en 2015 (COP 21) que solo logró un acuerdo voluntario de reducción de gases de efecto invernadero.

El cambio climático como nuevo factor en un conflicto

La naturaleza voluntaria de la mayoría de las medidas en la lucha contra el cambio climático pone en riesgo su implantación. Pero un nuevo enfoque está empezando a tomar forma en derecho internacional: considerar el cambio climático como un factor adicional que puede desencadenar un conflicto armado. Este nuevo enfoque se puede encontrar reflejado en alguna de últimas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La resolución 2349, aprobada en marzo de 2017, sobre la situación, y las medidas a tomar en la región del lago Chad debido a las acciones llevadas a cabo por el grupo terrorista Boko Haram, reconoce además las “consecuencias negativas del cambio climático y los cambios ecológicos, entre otros factores, para la estabilidad de la Región, en particular a raíz de la escasez de agua, la sequía, la desertificación, la degradación de las tierras y la inseguridad alimentaria”.

En la resolución 2408 de marzo de 2018, por la cual el Consejo de Seguridad extendía la duración de la misión de las Naciones Unidas en Somalia (UNSOM), se reconocen también las “consecuencias negativas del cambio climático, los cambios ecológicos y los desastres naturales, entre otros factores, para la estabilidad de Somalia, en particular la sequía, la desertificación, la degradación de las tierras y la inseguridad alimentaria”.

El consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es el único órgano dentro de la ONU que puede adoptar medidas coercitivas de obligado cumplimiento para cualquier país miembro (Art 25 de la Carta de Naciones Unidas -UNC-).  Para que ello sea posible el Consejo de Seguridad debe de actuar ante una amenaza “contra la paz y la seguridad internacional” (Art 24 UNC).

En ese sentido, el reconocimiento en las resoluciones 2349 y 2408 del cambio climático como un factor determinante en la generación y extensión en el tiempo de un conflicto armado, es un primer paso para que el Consejo de Seguridad pueda tomar en el futuro acciones contra esta amenaza de carácter vinculante para toda la comunidad internacional y salvar de esa manera el punto muerto en que se encuentra actualmente la negociación contra el cambio climático.

Ricardo Diez.

Fotografía de portada: TEDxUNPlaza, por Kevin Gong