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Donald Trump se va a Corea (la del Norte)

La cumbre del G20, celebrada en Osaka los pasados días 28 y 29 de junio, ha dejado relativamente pocas acciones y compromisos globales.

Entre los más significativos están el compromiso de reformar en 2020 la Organización Mundial del Comercio (WTO en sus siglas en inglés) -aunque no se ha definido cuáles van a ser esas reformas-, se ha identificado la guerra comercial entre China y Estados Unidos como un riesgo para la economía global y todas las partes, excepto los Estados Unidos, se han comprometido a continuar apoyando los objetivos definidos y firmados en la cumbre de París contra el Cambio Climático.

Pero el elemento que pasará a la historia de esta cumbre fue la invitación ad-hoc y vía twitter, de Donald Trump a Kim Jong Un para saludarse en la frontera entre los dos coreas (en la llamada zona desmilitarizada).

Dicho y hecho los dos dirigentes se saludaron en la frontera y por espacio de unos minutos el presidente Trump paseó por el lado norcoreano de la frontera convirtiéndose así, en el primer presidente de los Estados Unidos en pisar la República Popular Democrática de Corea (RPDC).

Este saludo ha sido valorado por la Casa Blanca como un gran avance diplomático en la resolución del conflicto nuclear en la península de Corea. Pero, ¿ha sido así? ¿Se ha firmado algún acuerdo que es el elemento necesario en cualquier negociación diplomática o de gestión de conflictos? Lo cierto es que no. Nada ha cambiado, y el acto de coreografía entre los dos líderes más parece un ejercicio de auto publicidad que un auténtico esfuerzo diplomático para acabar con un conflicto.

De qué hablamos cuando hablamos de Corea del Norte

Lo primero que viene a la cabeza cuando se habla de Corea del Norte es su programa nuclear con el que amenaza con un ataque, no solo a Corea del Sur y Japón, sino sobre los mismos Estados Unidos.

Pero lo que queda muchas veces en la sombra es la situación de la población en Corea del Norte. Por supuesto los ciudadanos de este país carecen de los derechos fundamentales de libertad religiosa y de expresión, libertad de asociación, de movimiento dentro y fuera de sus fronteras, así como de cualquier garantía procesal en caso ser detenidos.

En este sentido, Amnistía Internacional estima que más de 120.000 personas han sido detenidas en campos de prisioneros políticos donde son sometidos a trabajos forzados, tortura y otros tratamientos inhumanos en lo que se ha catalogado como Crímenes Contra la Humanidad.

Según Human Rights Watch (HRW) el régimen de Corea del Norte usa de forma rutinaria tácticas como el arresto arbitrario, tortura y ejecuciones para mantener el control sobre su población. El gobierno usa mano de obra esclava para realizar diferentes trabajos y envía a grandes grupos a trabajar al extranjero (sobre todo a China, Kuwait, Sri Lanka) con el objetivo de extraer sus rentas laborales, y todo ello mientras China no tiene ningún reparo en detener y devolver al país a activistas políticos o desertores que han conseguido escapar a través del país vecino.

Por todo ello, y durante los últimos 5 años consecutivos, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas incluye la situación de la violación sistemática de derechos humanos en Corea del Norte como una “amenaza para la paz internacional”.

Mientras tanto, y obviando tanto la crisis nuclear como la de derechos humanos en el país, el presidente Trump recuerda que fue “genial” reunirse con Kim Jong Un, que tuvieron un momento agradable y que le veía bien y en buena salud.

 

 

Ricardo Diez.

Foto de portada: The White House, President Trump Tours the Demilitarized Zone Between North and South Korea (Public Domain).

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